Homo Sapiens Confundido

- ¿Estás bien?
- No lo sé.
- Estás sangrando, creo. Te hicieron alguna herida.
- La verdad, no lo sé. Pero parece que sí, ¿No?


Mientras dirigía estas palabras, me sentía aturdido por el descenso de la ira. Había olvidado cómo llegué a ese taxi. Me sentía como un asesino que huía de la escena del crimen con su cómplice. Pensaba si, no se me habría pasado la mano con los golpes y habría matado al cobrador. No creo, los policias se hubiesen dado cuenta y estaría detenido. Gabriela -así se llama la gordita-, estaba en silencio; luego de hablar y preguntar, sin detenerse, desde mi nombre hasta mi tipo de sangre. Fue un silencio que ayudó a que volviera en sí, luego de una enorme borrachera. Mientras recuperaba la cordura me distraía observando la fisionomía de Gabriela. Su rostro rosáceo era la de una persona delgada, sus manos y brazos también. Su barriga no era tan prominente, era un "becerrito", es decir, proyecto de vaca. En realidad, lo que hacía que uno se llevara una errada primera impresión, eran sus senos: estos eran grandes pero, también, voluptuosos, detalle que no iba en armonía con su estatura que era, mas bien, regular. Sus pechos, también, estaban adornados por unas graciosas pequitas que parecía que siempre saltaban con cada metro que avanzabamos. Estaba tan entretenido en ese espectáculo que no advertí que Gabriela me observaba, para mi asombro, divertida. Volteo avergonzado y noto que ese no era el camino a mi casa y menos a una clínica.

- ¿En dónde estamos?
- ¡Ah! Sorry... como no sabía tu dirección le di la mia al taxista... es que, estaba súper confundida con todo lo que pasó que, cuando el policía me dio la opción para sacarte de ahí, no lom pensé dos veces y...bueno, pues. Tú estabas medio raro y no hablabas; así que le di la dirección de mi depa al señor. Pero, no te preocupes si quieres te puedes lavar ahí y luego te vas a tu casa.
- Está bien, no hay problema
-dije escéptico.

Lo que me preocupaba era lo que podrían pensar sus padres cuando llegara a casa con un hombre ensangrentado, y qué explicaciones daría. Bueno, esta vez, sería el héroe y los viejos en agradecimiento me invitarían una opípara y deliciosa cena, para luego agradecer y despedirme volando por la ventana, como todo un superhéroe. Pero no había nadie en casa. El departamento era basatante chico y desordenado como para que viviera una familia. Gabriela se disculpó por el desorden y lo atribuyó al trabajo. Quedó claro que vivía sola. Pedí prestado su baño y no hubo necesidad de decirme donde estaba, puesto que este estaba con la puerta abierta en la sala-comedor-cocina-dormitorio. Para llegar al baño esquivé unas cuantas bolsas de papitas Lays. Como era de esperar, el baño también padecía las inclemencias del desorden. Al lavarme descubrí que uno de los nudillos de la mano derecha tenía una herida, después nada. El saco, la camisa y la corbata estaban arruinados por la sangre del cobrador. El pantalón tenía unas cuantas gotas que no eran notorias. Decido sacarme todo lo manchado y pedir prestado un polo, aunque sea de mujer. Gabriela, me sorprende con un jean y polo de hombre. El jean me quedaba alto de la basta. El polo era blanco y tenía un ridículo estampado que preferí ignorar. Salgo del baño.

- Gracias, por la ropa. Apenas pueda, te la devuelvo.
- No te preocupes. Eran de mi ex enamorado que vivía conmigo y... que mejor manera de deshacerme de eso que ayudándote ¿no? Además, tú me defendiste de ese asqueroso cobrador.
- Lo hubiese hecho cualquiera
-hubo unos segundos de silencio incómodo-. Bueno, creo que tengo que irme. Chau...
- ¡Gabriela!
-me recalca con una sonrisa.
- Sí. Chau, Gabriela.
- Chau, Alberto. Y otra vez, gracias por todo.
- Tú, también ayudaste Gabriela...
- ...
- Bueno, chau.


Al acercarme a darle un beso en la mejilla, como despedida, discretamente eché una última ojeada a las pequitas saltarinas, que fueron sazonadas con un perfume que aun no logro descifrar. Mientras regresaba a casa e intentaba encontrar una excusa que sea mejor a la verdad, me interrumpían brillantes y saltarinas las pequitas que adornaban y adoraban las tetas de Gabriela. Una y otra vez. Confundiéndome.

10 comentarios:

Raulín Raulón... dijo...

Que buena descripción cuñao, sin grasa no hay gracia tampoco pues.

Si fueras soltero, te recomendaría buscarla de nuevo. Pero como no s el caso, pide ayuda a tus compañeros y déjala, me parece que no la pasa tan bien después de todo, y un tormento más sería contraproducente.

Imberbe_Muchacho dijo...

sin tetas no hay paraiso, dicen

Anónimo dijo...

muchacho... pero si estaba claro que te iban a invitar a "cenar", claro que "becerrito". Creo que a partir de ahora la mutacion esta empezando a lo Kafka, jajaajajajajaa.
Yo ccreo que de aqui a unos par de meses, el blog ya no va ser "odio a las gordas" sino "amo a las gordas".
jajajaajajja
Supongo que iras a describirnos como floreaste a tu ñori por lo de la sangrecita, o le diras que fue un estornudo?....
WACO

Kat dijo...

mmmm
concuerdo con RR...

Melisa Marin dijo...

Bueno ya lo dijo la serie Peruana: Sin tetas no hay Paraiso!
Alberto Loves Becerrito.

Melisa Marin dijo...

Pucha Imberbe muchacho me robo el chiste primero!

Jarochin dijo...

jajajajajajaja... no mames!, jajajajajajajaj.. la neta mi buen... quiero saber como vas a explicar esto... en fin como dice el refran: "mi mejor mula se me esta echando..."

estas cabron compa... amas a las gordas... jajajajaj.. te dejo me acaba de hablar mi gordita...

mermelada dijo...

si no puedes contra ellas.. AMALAS!!
pero eso si, si ahora te gustan gorditas llévale un par de panes con chicharrón a tu esposa xq ya no te pases.. ya tienes a mónica tb.. too much!!

Alberto F. dijo...

Es muy apresurado de parte de la mayoria de lectores de este mi ridículo blog, afirmar que ya AMO a las gordas sólo por simples sugerencias. No me hechen malas vibras, pues.
Saludos a todos.

PD: Extraño los insultos anónimos que me proferían gratuitamente. Ah, y los "cherrys" siempre son bienvenidos Melissa.

Cys dijo...

No creo que las ames, pero parece que te empiezan a caer bien :P