Los Regalos de Navidad


Todavía no consigo departamento. Necesito uno baratito nomás, cómodo y en un lugar tranquilo. Pero eso no podrá ser, por ahora. Porque los regalos navideños me están dejando sin crédito. Y eso que, no soy un católico que celebra con devoción las navidades. No, lo que sucede es que la gente a la cual quiero o estimo sí lo hace; y el ver sus rostros de satisfacción ante el detalle navideño que les obsequio me hace sentir bien, pues, su felicidad es la mia. A pesar que la Navidad se puede ir a la misma mierda.

Y qué puedo hacer, a pesar de que la navidad me llegue a las pelotas, igual tengo mi lista para regalar. Marcelo ya tiene su regalo debajo del árbol, será nuestra primera Navidad separados, y eso genera un sentimiento de culpa en mí que he desahogado comprándole los diez posibles regalos de su "lista a Papa Noel": la clásica bicicleta; autos a control; un jodido robot que hace no sé que mierda y otros más que enumerar da flojera. Se los compré todos y aún me siento culpable.

A mi ex esposa no sé qué regalarle. Al inicio pensé no hacerlo, pero ya descartada esa posibilidad (por rencorosa y despechada) estoy dudando entre unos jeans Fiorucci que sé le gustarán o una agenda para que no se olvide la fecha que firmaremos nuestro divorcio. Difícil ¿no?

A Corina ya le compré la cartera que tanto chilló desvergonzadamente al verla "Ay, Alberto que lindaaa...que hermosa... me la tengo que comprar...pero en febrero"; ´los mensajes subliminales hay que saber captarlos y sacarle provecho. Siempre.

Gabriela es un verdadero problema, pues, qué se le regala a una "amiga platónica" con la cual has tenido algo en el pasado reciente y no quieres que malinterprete el obsequio y a la vez se sienta una más; una del montón. ¿A las amigas se les regala casacas? ¿zapatos? ¿chocolates? ¿joyas? No lo sé, pues, estos son accesorios que nunca le regalé a una amiga. Necesito ayuda, porque soy capaz de tener relaciones con ella para despejarme las dudas. Por ahora, estoy entre un disco de Marc Anthony o un libro de (agg que asco) Coelho, en versión de lujo. También, en un momento de desesperación casi entro a un GYM de moda a comprar un año de suscipción para ella. Pero dude.

Aquí ya todo es sencillo: a mi vieja le ragalé un reloj que le había prometido. A mi viejo la colección de todos los discos de Lavoe, que no tenía y anhelaba como menso a través de Amazon. A Tati mi ex suegra lo he comprado sus chocolates de rigor, para que su entorno-espacio siga disminuyendo. A Pedrito su botella de Pisco Biondi para que la esconda y continúe armando su Bar "Chupemos cerveza, que mis tragos no se tocan". En el juego huevón del "Amigo Secreto" me tocó Bundy, el cual es otro borracho que siempre sonríe ante una botella de Whisky, en este caso Chivas. Tengo algunos sobrinos y sobrinas a los cuales he comprado diversos juguetes que repartiré de acuerdo a quién joda menos en las previas. Y no crean que me he olvidado de ustedes mis fieles e ingratos lectores he aquí "sus regalos":



LA FRAU: a esta desinhibida señorita le voy a regalar un Tour por Máncora, para que estrene el hilo dental que le obsequiaré. Sólo eso, porque hará topless y me bailará toda cachonda en la arena mientras le da la espalda al crepúsculo.

AUTUM SHADE: a esta deliciosa gordita colombiana le regalaré una minifalda para luzca sus piernas, que seguro las tendrá igual que su compatriota Lucecita.

SYBILLA: A la chica SagaFalabella, le regalaré una minifalda de RYPLEY, y así me la subiría a la Rueda Mágica a dar vueltas y vueltas. ¿Sebastian? Que no joda.

RAULIN RAULON: A este muchacho que gusta de los interminables post le regalaría otro terno, porque el que usa en la foto de su blog ya nos tiene podridos.

NTQVCA: A Idalia le regalaré un tratamiento de masajes en un Spa, para que sus hermosas piernas conserven la frescura que siempre irradian. Y claro, una fotografía reveladora.

CALLATETU: A la siamesa le regalaría lo mismo que a Idalia, porque no me gustaría separarlas. Las dos en el mismo Spa. Las dos desnudas y juntas siempre existe la posibilidad de que suceda "algo". ¿No?

JUANECA Y MARKSMAN: A Juaneca un celular a la cual llamaría siempre, a ver si así se aleja un poco de la PC y el MSN en donde siempre se encuentra con su pata Marksman.

JUANITO EL CAMINANTE: Este man, necesita urgente una bicicleta para que deje de caminar como gil y un buen talco que combata los hongos porque esas patas deben oler a mierda de tanta caminata.

ENRIQUE: A este compadre hay que conseguirle urgente un manual de Freud, porque sus dibujos algo deben de decir y no ser los garabatos que yo veo. Ah, y un software de Corel, porque las crayolas ya fueron.

MELISSA MARIN: Esta chica necesita un celular satelital, porque quiero saber dónde anda, esas fotos que publica en su blog son bien pendejas. Ah, y también tu jabon Heno de Pravia.

THE RAVEN: El Doc desde su blog ha enviado el mensaje subliminal que quiere una cirugía de "cacharro" porque nunca le han dicho sexy. Bueno, doc, viendo tu foto algo de razón debe de haber.

LAS GORDAS ARGENTINAS: A estas tres chicas que gustan de la música, sería bueno regalarles un disco de "Heart", a ver si así se desaniman en la empresa de tocar y dejan nuestros oídos tranquilos.

DR G: Al doc, para que vea que cae bien, haré que LOrena regrese al puterío, y te pagaré un polvo con la susodicha. Después sigo yo.

LA CHATA: a esta Chata rica, le regalaré un vestido rojo con un escote hasta el ombligo para que se le vea el alma, pero además, unos zapatos rojos (claro está) pero de la marca "Elevate Shoes" para que estemos, "por ahí", pues, chatita yo mido 1,83.

CYS: A esta chica que desea algún día casarse, le regalaré su cocina (of course), para que ya vaya aprendiendo y se olvide de la empleada. ¿O quieres ser una cornuda?

ALEXIS: Otro doctor, sumido en el arte de la narración. Bueno Alex, estás gordito, así que tu chocolatito diet, te caería de perilla.

MERMELADITA DE PIÑA: A la mami más linda lo único que se me ocurre regalarle es unos pantaloncitos ajustados para que "la rata" la cele y ella se aburra y busque consuelo en este pechito.


KAT: A esta chica renegona un top ajustadísimo para que muestre sus atributos delanteros. Eso sí ¡fuera brassiere!

LASZLO: a este pibe le daré un Manual para No Sufrir por las Chatas, porque el hombre está sufrido por una que lo tiene a punta de pajazos.

MARIELLA ESPICHÁN A esta adolescente le regalaré un Cd de Iron Maiden, para que me acompañe al concierto bien instruída y así se aleje de las malas influencias EMO. A menos, claro está, que ya haya sido seducida por Tokio Hotel y demás mamarrachos.

ALICE: A la tierna Alice le regalaré una sesión personal de masajes por todo el cuerpo, con sexo, si ella quiere; para que no ande quejándose de falta de manoseo y amor.

IMBERBE MUCHACHO: A este lampiño le regalaré un DVD de "Karate Kid" para que no joda con sus suicidas pretenciones de ser Miyagi. Te van a sacar la mierda, lampiño.

Y por supuesto...

WACO : a este pajarraco anónimo, se me ocurrió regalarle una muñeca inflable para que deje las pajas de lado. Tu pisquito, una porno para que te animes con la muñeca y una cuenta de blogger, porque ya es hora, pues, huevón de ser anónimo y no me vengas con la huevada que en eso radica tu encanto, porque eso no tienes carajo.


Y a todos los anónimos un diccionario de la Real Academia, a ver si así me insultan con otras palabras y no con las clásicas tonterías. Aburren, pues. Reclama tu regalo no si no te puse en la lista o si no te gusta mi obsequio.

La Cama Redonda

- ¿Cuál cuarto de invitados?- le pregunté arrugando la cara.
- Cómo que cuál cuarto de invitados. No seas huevón pe` Albertito. Dónde crees que dormiré cuando me meta mi borrachera en esta casa ¿A tu lado? No jodas, pues. O quieres que te bote cuando esté arrimándosela a Paticita, no ¿No?- dijo con aquella sonrisa torcida que lo caracteriza y abrazando con descaro a la señorita que nos mostraba el departamento.

El sábado por la noche regresó Pedrito de Iquitos y lo primero que hizo fue buscarme para emborracharse con el amigo que extrañaba mucho, según él. Tal borrachera no se realizó, "Carajo, me olvidé que tenía que "ponérla al día a Paty", pero en tres rounds salgo con cualquier pretexto. Putamare, y yo que estaba con sed" se quejó Pedrito. El regreso de Pedrito a Lima hizo que mis planes cambiaran postergando mi salida con Corina para otro día. El instinto no me falló,pues, a las 02:30 de la mañana del domingo Pedrito salió, de algún Hostal limeño con Patricia, en busca de alcohol; y lo primero que hizo fue llamarme al celular preguntando por mi ubicación.

Me encontraba en casa de Gabriela poniendo en práctica nuestro pacto de "amistad platónica", es decir, sin sexo. Por supuesto, que ese pacto me lo pasaré por los huevos apenas ella me insinúe el rompimiento de tal. Bebíamos nuestra segunda botella de vino cuando recibí la llamada de Pedrito, que dijo vendría con Patricia y mucha cerveza y cigarrillos. "Esconde la tripa Albertito, que estoy subiendo las escaleras, porque eso de amigos platónicos es pura mierda" dijo Pedrito mientras se escuchaba, a través del celular y de la puerta, una carcajada eufórica.

Regresé a casa de mis padres a las diez de la mañana bajo la mirada inquisidora de mi madre. Fue en ese momento en que decidí que es tiempo de mudarme, pues, ahora sí no hay modo de regresar a mi antiguo hogar con mi, ahora, ex esposa. Las cosas serán más costosas y, definitivamente, el ahorrar será mucho más complicado. Pero, la tranquilidad no tiene precio. Y en esas estoy junto a Pedrito que me acompaña a encontrar el departamento adecuado o "el bulín" como quiere llamarlo Pedrito.

- Te puedes comprar una cama redonda, así como la de "Porcel y Olmedo" ¿Recuerdas esa cama de la película?
- Sí, Pedrito. Pero no alucines feo; esto va a ser un departamento normal no uno que parezca "chongo"(*).
- Pero en una cama redonda te la tirarías en simetría perfecta a la Gabrielita, huevón- dijo mientras ponía un rostro muy parecido al flaco Olmedo.
- Ya te he dicho que somos amigos, y nada más. Y espero continuar así que es lo mejor ¿No te parece?
- Está bien, huevón. No te exaltes. Pero eso sí, no te olvides del cuarto de invitados a la hora de decidir- dijo con verdadero interés.
- No habrá cuarto de invitados Pedrito- concluí tratando de calmarme.
- Entonces tiraré en tu cama redonda.


PORCEL Y OLMEDO "LOS CABALLEROS DE LA CAMA REDONDA"


(*) Chongo: prostíbulo en jerga peruana.

Problema de Pelos


- Nooo, Alberto. ¿Por qué te resuraste?
- Pues, ya estaba aburrido de esa barba.
- Pero, a mi me gustaba Alberto- concluyó resignada.

No tomó muy bien el intempestivo cambio. Pero ahora, Corina se consuela con "esa barba que raspaba como lija" de tres días que siempre me dejo; pues, no soy muy afecto a las rasuradas diarias. Aunque, sospecho que a Corina más que gustarle mi look barbado, ella se sentía cómoda con la vellosidad facial más por una cuestión de reciprocidad de edades. En todo caso, si mi sospecha fuera cierta, la "preocupación" de Corina no tendría asidero; pues, ella no aparenta sus bien llevados 35 años. Cualquiera apostaría que es una guapa veinteañera.

- Eres un mocoso, Alberto- me dijo irónica, mirando fijamente mi rostro libre de pelos.
- No jodas, Corina. Sólo nos llevamos seis años. Y eso no es mucho.
- Eres un mocosito- repitió mientras se colocaba su calzoncito blanco.
- Pero uno, que te hace gritar como una quinceañera.
- ¡Que engreído!- concluyó ruborizada.

Y es verdad, soy un engreído. Porque, quien se lleva el mérito en destreza sexual, es Corina. Y yo soy su feliz aprendiz; pero soy un discípulo bastante aplicado y emprendedor. Un extasiado admirador que intenta seguirle el ritmo con agitado ímpetu. Súbdito genuflexo ante una reina que le ordena interminables cunnillingus que accedo más que gustoso. Coño jugoso ante una lengua sedienta.

¿Pero qué puede provocar que un plebeyo se rebele ante los designios de su Reina, desobedeciéndola en sus deseos peludos? Las respuestas pueden ser diversas, pero sólo una es la verdadera. Y es que, la barba jode y pica. Y no lo pensé mucho cuando hace unos días -en circunstancias ya relatadas (leer post anterior)- hizo su aparición una carnosa y pecosa princesa que me brindó el pretexto esperado para deshacerme de mi peluda apariencia.

- Albertito, tu barba me hinca cuando me besas. Rasúratela ¿Ya?- me exigió casi suplicante.
- Ok, Gabriela.

La Señal

Necesitaba una señal. Las pecas de su escote me gritaban: "tírame", "fóllame", "cáchame". Necesitaba una pequeña señal para avalanzarme sobre ella. El pecho me ardía de la angustia por no morder sus ricas tetas.

- ¿Estás saliendo con alguien, Alberto?
- No. No tengo mucho tiempo para eso- le mentí.

¿Esa era la señal que estaba esperando? No, sólo está preguntando. No entendía por qué estaba tan desconfiado. ¿No estoy saliendo con nadie? Esa mentira me salió bastante natural. Sin titubeos. ¿Qué estará haciendo Corina? Lo lamento Corina por negarte, pero no puedo resistir la tentación. No te pediré que me comprendas, porque nunca sabrás de esto. Disculpa mi debilidad pero soy más débil de lo usual cuando tengo frente a mí un buen par de tetas. ¿Si me arrepiento de haber aceptado esa invitación, y haberte dicho que iba a una comisión de trabajo en provincias? ¿La verdad? ... No, no me arrepiento. No me siento culpable. Es que... ya estoy acostumbrado.

Mientras ella me besaba, no pensé en Corina. Sólo pensaba en qué momento me dieron la señal, cuál fue. No recuerdo mucho. Pero, sí recuerdo buscar con desesperación lactante sus tetas. Y mientras las besaba y chupaba con fervor, podía ver cómo aquellas pecas me ofrecían la bienvenida y yo, ya rendido, les rendía pleitesía. ¿Soy una basura, un desgraciado por ser infiel? No, no lo creo. Mientras evite por todos los medios de que "la engañada" se entere, ella estará a salvo de cualquier "sufrimiento". Y créanme, nunca se enterará. ¿Cuál fue la señal que me dió para que yo ahora repose desnudo a su lado? ¿Cuál fue, maldita sea? Creo que nunca recordaré. O tal vez nunca hubo tal señal.

- Voy a bañarme Alberto. Cuando salga quiero verte aún aquí y no que te vayas así sin avisar; como la última vez.
- No te preocupes, Gabriela. Aquí estaré.

La Pregunta


- ¿Y ahora qué seremos?- me dijo con sus ojotes más abiertos que de costumbre.
- No te entiendo.
- ¡ ¿qué seremos, pues. Enamorados, novios, amantes... amigos cariñosos? No sé.
- Ah, eso. ...¿Es importante que nos etiquetemos?
- No, Alberto. No es eso. Pero, al menos, si vamos a seguir saliendo quisiera saber qué lugar voy a ocupar.
- No había pensado eso Corina. Yo asumía que todo era... evidente ¿no?
- ...
- Además, por qué tengo que ser yo el que defina "qué somos". Tú puedes hacerlo. Me gustaría saber en qué lugar me tienes también- lo dije sin demostrar la ironía con la iba cargada la frase. No quería una pelea por susceptibilidades.
- ¡Ah, no! Alberto, eso es labor de hombres. Una mujer nunca hace eso. Hacer eso es como "declararse".
- Pero si escoges ser mi amiga, no estarías "declarándote".
- No, pero quedaría como si fuese una puta.
- ... Bueno, y entonces ¿Qué quieres que haga?- le pregunté con bastante incomodidad.
- No sé, Alberto- me respondió levantando los hombros y bajando la mirada.
- Me acerqué y la tomé suavemente por su cintura que estaba fría, casi helada. La besé en la frente y ella pegó su cara a mi pecho; para preguntarle ("declararme") sin ánimos, pero con bastante convicción- ¿Quieres ser mi enamorada?
- Claro, tonto- respondió con un susurro casi imperceptible; mientras yo suspiraba con más escepticismo que resignación.

Entre preguntas no resueltas

Hay preguntas que son difíciles de responder. Pero son difíciles porque no tenemos una buena mentira que decir, y ante la ausencia de estas (digo, las mentiras), muchas veces cometemos la imprudencia de responder con la verdad.

- ¿Qué pensaste cuando nos presentó Pili?- me pregunto Corina, abriendo sus ojazos marrones, mientras sorbía divertida su refresco.
- Pensé, que estabas riquísima y lo bien que lo podríamos pasar teniendo sexo- le respondí sin inmutarme y observando cómo su rostro adquiría un rojo intenso, pero no de rabia, sino, de vergüenza.
- Eres un mentiroso, Alberto.
- Tienes razón. Pero ahora, no lo estoy siendo.
- ¿Siempre eres así... tan directo?-
preguntó confundida.
- No, contigo estoy estrenando esta faceta.
- Me estás tomando el pelo, Alberto. A ver, dime ¿Por qué no te aprovechaste de mí la otra noche que tuviste la oportunidad?
- Porque soy un tremendo huevón y porque estabas muy borracha que, tal vez, no hubiese sido tan divertido... pero, más porque soy un huevón.
- Jajaja. No, no lo eres Alberto.
- Sí, sí lo soy Corina.


No esperé que Corina me llamara después de nuestra fallida primera cita (leer post: “Titubeos con Corina”). La llamé yo, preguntando si se encontraba bien. Ella, avergonzada por haberse emborrachado y sintiéndose culpable de su etílico comportamiento me ofreció invitarme al cine. Acepté. La hice pagar todo, sin remordimientos. Pero después, afloró el macho-pagador que todos los hombres llevamos y para compensar su amabilidad la invité a cenar aquella misma noche de viernes. Es aquí, mientras cenábamos pastas, que Corina se transformó en la seductora-preguntona que todas las mujeres llevan consigo.

- ¿Te intimida que sea mayor que tú?
- No, Corina. Nunca me he preocupado por el avasallamiento cultural o sexual que puede tener alguien mayor que yo, me siento preparado para lidiar con eso. Me preocupa, el por qué una chica tan guapa e inteligente aún esté disponible.
- ¿Será porque algunos hombres son miedosos y temen acercarse?
- Tal vez, sea cierto. Pero lo que yo quiero es acercarme lo más posible.
- No veo que alguien te lo impida-
me respondió apoyando los codos sobre la mesa y estrenando una seriedad arrechona. Mientras me acercaba a ella estirándome desde mi silla, para estamparle un beso en el lado izquierdo de su cuello, ella entrecerraba sus ojos y su fragancia subyugaba mis sentidos para el resto de toda la noche. Y mientras ella me esclavizaba preguntó casi susurrando- ...¿Alberto... de qué eres capaz con tal de llevarme a la cama?
- De cualquier cosa.
- ¿Hasta de besarme los pies, ahora mismo?


Siempre me gustaron las mujeres locas. Corina está con un pie en algún hospicio. Las locas siempre son divertidas, pero todo tiene un riesgo. Y el no ser curioso es un pecado, el estar cerrado a toda experimentación es un crimen que uno mismo no se debe perdonar. Y Corina es mi nueva e inexplorada droga. Una orate que no tuvo reparos en descalzarse y levantar su pie para ofrecérmelo. Lo besé y lo lamí. Y sí, me sentí ridículamente abochornado, pero lujuriosamente satisfecho. Y sí, también, sabía que aquella noche por fin follaría, después de un largo periodo de sequía. “Lapsus pajaritus”. Aquella noche, mi lactoso néctar fue recibido con la bienvenida que siempre merece. Y, claro, aquella noche las preguntas tampoco cesaron.

- ¿Te gustò?
- Por supuesto, y exijo repetición-
le respondí en honor al ilustrado fellatio ofrecido.
- Jajaja. Está bien, pero ahora tú primero.
- Me parece justo. Pero descansemos un ratito.
- ¿Estás cansado? ... eso es porque fumas mucho.
- ...
(seguí fumando)
- Me gusta tu barba. ¿Siempre la has usado?
- No. Siempre me la rasuro. En estos días seguro lo hago.
- ¡Nooo! Déjatela, a mi me gusta. ¿Te la vas a dejar?
- ... Está bien. Me la dejaré.
- ¡Que lindo eres!
- ...
- ... ¿Ya estás listo para la repetición?

- ...

Solía Amarlas (Hace un año)

Ha pasado un año, desde que se inicio este cagón blog. Desde entonces mucha impertinencia ha corrido por estos lares; y no sólo de mi parte sino, también, de ustedes insolentes lectores. Pero, claro, este espacio no sería "divertido" sin sus adefesieros comentarios, algunos han sido cariñosos y, los otros, de los que me gustan.

Ustedes se han enterado de muchas cosas que tal vez, si los conociera ni se los contaba. Saben más de los que me conocen. Saben más de lo que deberían saber. Tal vez. Y sí, este espacio está dedicado a las mujeres de mi vida, especialmente a las más carnosas; para ellas, que me abandonaron. Que las abandoné. Que las amé y solía amarlas.

Y sí, es necesario que veas el video. Está subtitulado.





Agradecimientos sinceros (ahora sí, publicamente) a estas chicas por sus premios de preferencia, que me otorgaron durante este primer año. Gracias, otra vez, chicas.

- Autumn Shade (Colombia)


- A las chicas de Se Armó la Gorda (Argentina)


Y la preferencia de ustedes en BLOGSPERU

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Titubeos con Corina

Los nervios iniciales habían desaparecido, pues, ella no podía disimular los suyos. Y a mí, el ver a una chica completamente nerviosa, me encanta y hace que me transforme en un confianzudo. Sus hermosos ojos no podían mantenerme la mirada. Sentía tener el control de la situación ¿o, tal vez, ella me lo cedió calculadoramente?

La recogí puntual. Vestía jeans, botas marrones y una "putonaza" blusa beige. No tenía idea de adonde llevarla, así que le pasé la responsabilidad de decidir. "Vamos a un pub de Barranco. Tomamos unos tragos, picamos algo y de ahí podemos ir a bailar ¿Te parece?". No me parecía buena idea; Barranco hace tiempo dejó de ser un buen lugar y ahora está llena de gente "posera"; pero le dije que estaba bien. Mientras conducía rumbo a nuestro destino, Corino puso música y encendió un cigarrillo. Le pedí que me encendiera uno. Me dió el que ella fumaba. Lo acepté y ella encendió otro. Luego, ella me hablaba -no sé de qué- y yo no escuchaba; estaba concentrado disfrutando el sabor del lapiz labial que ella había dejado en el filtro del cigarrillo. Volteo para ver sus labios. Quiero morderlos. Besarlos. Lamerlos. Me sonríe nerviosa y me indica a que preste atención al camino. Me paso una luz roja.

No nos dimos cuenta de la hora. Conversamos todas las tonterías que se conversan cuando recién se conocen. Nunca me esforcé por arrancarle una carcajada, pues, esa noche estuve inspirado y ella fue un público genial. "No quiero ir a bailar, sigamos conversando", me dijo cuando le señalé que ya era más de medianoche. Y así fue; conversamos, reímos y, sobre todo, bebimos. Esa sensasión de estar con un "amigo" sólo la siento con mujeres con las cuales sé que no tengo intenciones de llevarlas a la cama, pero con Corina tengo todas las intenciones y las ganas pero, sin embargo, esa inusual comodidad no encajaba en esa primera cita. Tampoco nos fijamos en que ya estábamos borrachos, pues, nos reíamos de todo. Cuando el mozo nos dijo que ya iban a cerrar nos reímos que estábamos sólo nosotros y dos grupos de sedientos adolescentes. "Que vergüenza. Qué pensarán de mí esos chicos" dijo preocupada. "Pensarán que soy afortunado al tener una novia tan divertida y que celebra todos mis chistes malos" le contesté mientras me divertía observando como su rostro se sonrojaba.

¿La beso o no? me preguntaba mientras conducía de regreso; pero, no era duda por temor al rechazo, pues, estaba seguro que si la besaba no sería rechazado. Mi duda pasaba por si era adecuado besar a una borracha que, al día siguiente, podría utilizar su falta de sobriedad para rechazar el consentimiento pleno de aquel beso y sus posteriores consecuencias. Sí, en ese momento no estaba siendo divertido.

Me ofreció un trago en su departamento, acepté. Puso un disco de música instrumental y me alcanzó una copa de vino tinto. Ella me hablaba muy divertida y yo notaba que esa boca reclamaba su cuota de saliva. ¿Se está acercando? No, me parece. Sí, se está acercando.

Mientras conducía regreso a casa y pensaba que mañana podría salir en los diarios como otro cojudo más que murió por ebriedad y exceso de velocidad me preguntaba el por qué me gusta tanto el sabor del lápiz labial que me es imposible rechazar un beso almibarado. Un beso alcoholizado. Un beso largo, muy largo y jugoso. No terminamos en la cama porque le serví un buen trago de vodka que de inmediato cayó rendida. La acosté, abrigué y retiré como todo un caballero huevón. Como un hombre que se caga de miedo por el compromiso. Como un hombre que sólo quiere divertirse, pues, sabe que todas las mujeres al final siempre exigen algo. Siempre joden.



Antes de la primera cita con Corina

¿Cuáles son los defectos ocultos que tendrá Corina para salir con alguien, como yo, seis años menor que ella? Ella es guapa, inteligente, independiente, simpática y muchas otras cosas más que enumerarlas sería ocioso. Lo que me pregunto y preocupa es: ¿qué inconvenientes habrán encontrado sus anteriores compromisos para que ella, a pesar de todas las virtudes que he mencionado aún continúe soltera?

- ¡Pucha, Albertito! tú continuas igual de paranoico que cuando eras niño- me refunfuñó, como siempre, Pili.- En realidad, debes estar agradecido a tu suerte porque Corina es más selectiva y paranoica que tú. No le gusta nada, siempre está buscando defectos en los hombres para no salir o comprometerse con ellos.
- Pues, ya se jodió. Porque yo tengo todos los defectos que se pueda imaginar. Además, creo que ya sé por qué ninguno de sus antiguas parejas la aguantan... pues, porque es quisquillosa.
- Nooo, estás loco. Corina es bien dulce y amable.
- ¡Total! no dices que es paranoica y selectiva.
- Sííí, pero todas las mujeres somos así. Mira, Albertito ahora que sales con ella te darás cuenta. ¡Relájate! No te sientas intimidado, ella es una chica como todas. ¿O acaso nunca has salido con una mayor que tú?
- No, nunca.

Encuentro Azul con Pili Ochoa


No la reconocí; sólo supe que era ella porque de los tres supervisores a cargo, Pili Ochoa es la única mujer. Ella tampoco me reconoció y no lo hizo a pesar de que me presentaron con nombre y apellidos. Durante las presentaciones y, posteriores, coordinaciones de trabajo, no hice esfuerzo alguno por que me reconociera; lo hice durante el almuerzo de rigor que ofrecen los Ingenieros Contratistas a los Ingenieros Supervisores para que estos últimos no jodan mucho durante el desarrollo de la obra.

- ¿Albertito FCC?- dijo abriendo sus enormes ojos verdes.
- El mismo Pili.
- ¡No lo puedo creer! Tanto tiempo.
- Yo tampoco lo podía creer Pili.
- Nunca te hubiese reconocido Albertito, sino me decías lo del colegio. Cómo te habría podido reconocer con ese tamañote y, encima, con barba; a comparación del pequeñín lampiño que yo recuerdo.
- Pero, tú estás igualita Pili-
la alabé mintiéndole; como siempre.

Aún conserva la robustez de épocas escolares. También la agresividad que ahora se manifiesta en su ímpetu profesional. Me contó que está casada hace cinco años y no se sorprendió cuando le conté que estaba divorciándome. No tiene hijos y, por ahora, dice, no piensa tenerlos. "Al único chiquillo que aguanté fue a tí, y eso hace muchos años. Pucha, y ahora tendré que soportarte otra vez" me dijo riéndose. Se burló de mi ineptitud para con las mujeres de mi vida y de mi incapacidad para comprenderlas. Se comprometió -para variar- a presentarme a una "linda chica". Tal promesa me preocupó.

Invité a Pili y Carlos -su esposo- al concierto de REM el viernes por la noche. Aceptaron gustosos. Ambos se unirían al grupo de amigos con los que había acordado previamente. La noche anterior al concierto Pili me llamó preguntándome a que zona del estadio iríamos; esa pregunta me hizo sospechar en que tramaba algo. Razones no me faltaban, pues, Pili siempre me sorprendía con alguna artimaña.

"Alberto, te presento a Corina"
Lo primero que me impresionó de Corina -aparte de que ya tenía su ticket- fue lo bien que le quedaba el jean ajustado a sus caderas y su rizado cabello azabache que combinaba perfecto con la angelical blancura de su piel. La saludé con entusiasmo y Pili lo notó, dirigiéndome una sonrisa cómplice. Pero no era el único entusiasmado; también lo estaban Bundy y Walter -mi primo- que formaban parte de la comitiva "etilo-rocker" que me acompañaba. Corina no es una mujer tímida, se nota que tiene su mundo, su calle. Y se le nota en la frescura de su andar seguro; en su manera de conversar sin quitarte la mirada; en su estilo de fumar un cigarrillo, beber con sed y no perder la clase; pero sobre todo en su forma de vestir que es tan sexi y juvenil siendo ella una "chica" de treinta y algo más. Los años no se le notan en las arrugas, pues, no tiene una sola; se le nota en la experiencia de sus ojos y sus palabras. Nunca me había sentido tan intimidado y cachondo por una mujer.

"Vamos a un Karaoke" El concierto culminó pasada la media noche y las enormes cantidades de cerveza injeridas (en vasos de 650ml)durante el concierto había animado a algunos en continuar con las celebraciones; y la estúpida idea de ir a un karaoke salió del hocico apestoso de Bundy. Idea que celebró la mayoría, excepto yo. Hay una promesa que no pienso romper y es ¡NO IR A UN KARAOKE! La primera vez que asistí a uno fue hace muchos años y me pareció de lo más ridícula y bochornosa la manera de divertirse. Me aburrí un culo y juré no regresar jamás a uno. Y estoy cumpliendo. Así que, convencer a estos tarados de ir a otro lugar a divertirnos no será tarea complicada; porque yo no pienso pisar un karaoke ¡jamás! "Ayy, Albertito, a mi me encanta el karaoke. Me encanta cantar. ¿Vamos?". Sus ojos de mascota desamparada y la vocecita arrechona de Corina no me convencerán. ¡He dicho!


"El gato que está triste y azul
nunca se olvida que fuiste mía
mas sé que sabrá de mi sufrir
porque en mis ojos, una lagrima hay"
- ¿Y Tú Albertito, qué vas a cantar?- me dijo mientras la miraba resignado.
PD: ¿Por qué mierda cantan siempre esta canción?

Butifarra con Ochoa

Mientras me limpiaba las manitos manchadas de sangre, ella me miraba con una sonrisa cómplice y a la vez de ternura. Ambos esperábamos, sentados, en el salón de espera del Director. Ambos éramos culpables, pero en ese entonces nos creíamos inocentes.

- ¿Y a tí nene, por qué te han traído con el Director?
- ...
- ¿Eres mudo?
- ...
(sólo atiné a mirarla y continuar esperando mi llamado)
- ¿no quieres hablar?... Bueno, yo estoy aquí por insultar a el auxiliar. Mira tú, que me quizo dar un reglazo en la mano sólo por reírme en la formación. Está loco ese cholo* horroroso.

La mañana de Abril que conocí a Pili "chicharrón" Ochoa, en la sala de la Dirección del Colegio, yo tenía siete y ella trece años. No era nuestra primera vez en la Dirección y tampoco la última. Nuestros padres ya estaban hartos de nuestra indisciplina, pues, poco faltaba para que nos expulsen. Aquella mañana le había roto las gafas de un certero puñetazo a un niño que molestaba a mi hermana mayor durante la formación. Mis antecedentes eran notorios, pero me salvaban mis buenas calificaciones y el precedente de que casi siempre las peleas tenían el respaldo testimonial de haber sido hechas con algún espíritu samaritano. Las cosas cambiaron en la escuela aquella mañana que conocí a Pili Ochoa.

Todos la llamaban "Chicharrón", pues, se decía que podía comerse ocho butifarras (pan, chicharrón de cerdo y cebolla picada al hilo) sin descanso. Ella nunca lo negó, pero le "llegaba a la teta", como ella solía decir, que le dijeran "chicharrón"; y bueno, siempre había algún pendenciero o incauta que se lo gritaba despectivamente y aquello terminaba en una gresca en la que casi siempre, me veía involucrado.

Ochoa (así la llamaba) y yo nos hicimos inseparables aquella mañana en que me ofreció una infinidad de dulces que llevaba en su mochila. Pero nuestra amistad se consolidó cuando un día a la hora del recreo, un chico de la secundaria quizo pasarse de listo y nos enfrascamos en una riña en la que llevaba las de perder, pues, él era mucho mayor y grande que yo. Ochoa intervino y entre los dos pudimos vencer a aquel chico; y también, volvimos a la Dirección. Yo era como el hermanito jodido que nunca tuvo. Y ella, pues,... era mi compinche que me regalaba dulces y que defendía de los chicos más grandes cuando me metía en problemas.

Cuando conocí a Ochoa, ella no tenía muchas amigas. Mejor dicho, no tenía ninguna. Con la mayoría de chicas se había agarrado a golpes, pues, estas se burlaban de su gordura. Los chicos no querían andar con ella, pues, las más bonitas la detestaban y estos no querían perder los "favores" que estas prodigaban. En cambio, mi suerte era distinta, pues, los chicos me respetaban porque había podido domar al "mamut salvaje" y las chicas se enternecían ante mi "sensibilidad" porque a pesar de mi edad comprendía las vicisitudes de aquella hosca chica que nadie entendía.

El último año de Escuela fue más placentero para Ochoa, pues, había hecho algunas amigas y, por fin, podía decir adiós a la tan "granputa escuela", como decía. Nosotro continuábamos siendo amigos, pero para aquella época yo era quien la defendía de algún desubicado. Sus amigas me adoraban porque era el pequeñín que siempre las ayudaba.Fue con ellas que probé mi primer cigarrillo; mi primera borrachera y la primera teta que ví fue con ellas mientras Ginna West se cambiaba la blusa del uniforme manchada de vino. El último día de clases pensé que estaría feliz, pero no fue así. Lloraba; y en su fiesta de graduación a la cual asistí ella me abrazó y apretó los cachetes para despedirse.

- Cuídate Albertito. No jodas y no te metas en problemas, que carajo, mira que ya no estaré- me dijo con una voz entrecortada.
- No jodas chicharrón, este último año yo las cuidé- le respondí arrancándome el corazón.
- putamadre chibolo**, que agallas tienes para decirme eso y no estar seguro que te saque la mierda.
- A los hermanos menores no se les pega... Hermanita.
- Conchatumadre, me vas hacer llorar-
me respondió con lágrimas.

Nos vimos tres veces más aquel verano que siguió. Después ella se fue de viaje a Trujillo con su mamá. Sus padres estaban divorciándose, sólo esperaron que acabará la Escuela para hacer pública su separación. Nunca más supe de ella hasta hoy en la mañana en que me llegó una carta de la Compañía que Supervisa una de las Obras que tenemos a cargo, en la que leo que "la nueva Supervisora de la Obra en Lurín es la Ingeniera Pili Ochoa Núñez que cumplirá funciones, a partir de la fecha". Y tengo la sensación que en los siguientes días comeré muchos dulces y me meteré en problemas, como en los viejos tiempos.



*Cholo: término despectivo con el que se denomina a las personas de rasgos andinos o nativos de la sierra.
** Chibolo: niño, pequeño, mocoso.

Noche Maravillosa

Hoy no pensaba escribir ni mierda (Muchos hubiesen estado contentos). Pues, escribir en este apestoso blog ya me está llegando al huevo. Disculpen tan deshonrosa y chabacana introducción.

Pero escribo, porque leyendo el blog de una chava de boca generosa (cállatetú. sic.); me hizo recordar que todos tenemos nuestra "banda sonora" para algún momento de nuestra vida o para toda ella. Y yo, recordé un momento:

Su fragilidad incentivaba a protegerla. Era una sílfide de la ciudad. Nos enamoramos como se enamoran los chiquillos de quince años. Sin malicia. Puro cosquilleo en la barriga. Miradas que no tienen final... y siempre con una canción de amor.

Una hora antes habíamos acordado ser enamorados, pero aún no nos habíamos besado. Sólo nos tomamos las manos. Sabíamos que teníamos que besarnos, pero... ¿En qué momento? La fiesta en la que estábamos continuaba y el ardor que sentía en el pecho era un ardor de adolescente desesperado por no saber qué hacer. Ella me miraba nerviosa; sus largas y blancas manitos sudaban. Igual era hermosa. Igual estaba dispuesto a protegerla por los siglos de los siglos (bueno, eso creía). Y en eso, tocaron nuestra primera canción de amor que, después, nos juramos bailar sólo entre nosotros y con nadie más: "Wonderful Tonight" cantada por Eric Clapton.

Fue nuestro primer beso. Un beso lleno de inocencia. No era mi primer beso. Ella me dijo que sí era el suyo, y yo le dije que también era el mío. No le mentí, porque así lo sentí. Y nunca he bailado esa canción con nadie más. Y cuando, ya pasado el tiempo, escuchaba las primeras melodías la cambiaba, pues, fue muy doloroso perderla. Y hoy mientras escribo este post he recordado la fragancia de su largo y rizado cabello negro que aspiraba, mientras le cantaba con susurros en el oído su parte favorita de toda nuestra canción.


"I feel wonderful because I see
me siento bien porque veo
the love light in your eyes
la luz del amor en tus ojos
and the wonder of it all

y lo maravilloso de todo
is that you just don't realize how much I love you.
es qué no te das cuenta de cuanto te amo. "




PD: Disculpen, también, la cursilería.

El Lado Oscuro de la Barba

A veces me da por dejármela tan crecida que muchos pensarían que soy un indigente, si no fuera por que mis prendas gozan de pulcritud. Una barba puede ser tan molestosa para el que la usa, como para los demás; pero, como la misantropía la tengo desarrollada el hecho de que me ruegen expectorarla me da igual. Siempre la usé en vacaciones cuando no tenía que rendir cuantas a nadie; casualmente estás (las vacaciones) caían en época de frío, así que la barba tenía una justificación.

La barba que luzco en estos días tiene unos veinticinco días y ha causado el reproche de algunos compañeros de trabajo que dicen se me ve muy viejo y sucio. Algunas chicas, misteriosamente, han elevado el pulgar brindando su aprobación. El jefe no ha mencionado nada al respecto, pero sé que él usaba una parecida hace muchos años. Mi vieja es la más laberintosa en este aspecto, pues, detesta mi barbada apariencia. Ella era mi detractora implacable en mi adolescencia cuando, también, a mi crecida vellosidad facial la acompañaba una larga y descuidada cabellera. Aquellos, eran tiempos de "heavy metal" y de constantes miradas desaprobatorias, que en aquella natural rebeldía le llegaba a los huevos todo síntoma de condena.


Pero en estos tiempos calmos y lúcidos, es vergonzoso admitir cual es la verdadera razón de tan inesperada apariencia que socavó en la furia materna.



Hace veinticinco días recibí un invitación de una amiga muy querida, para asistir a una fiesta de disfraces por la tan mentada celebración por el día de las brujas. Años anteriores los disfraces de Supermán, El Hombre araña, El Zorro habían caído en estas manos. Este año pensé disfrazarme de Gordo, pero de un gordo obeso. De cachalote. De elefante furioso. Pero la idea me parecía complicada de lograr. Así que desistí. Esa misma noche mientras me disponía a descansar, enciendo la tele y me encuentro con: Star Wars, episodio III; que estaban pasando por un canal de cable. Entonces (como ya se habrán dado cuenta) al ver a los barbados personajes, decidí disfrazarme de "Jedi". Pero, como a mí, nunca me gustó alucinar ser un "Jedi", sino un "Caballero del Lado Oscuro", es decir: un "Sith", las cosas se hacían más sencillas; pues, sólo necesitaba unos trapos negros, el sable de luz rojo (que ya lo tenía) y la barba que identifica a algunos caballeros Jedi y Sith. Y es a partir de aquella ridícula idea que inicié mi velluda transformación.

Al final, no asistí a ninguna fiesta. Sí me disfracé de Sith, pero, aquel día, por la noche, me la pasé acompañando a Marcelo, que iba disfrazado de "padawan" (para los neófitos en Star Wars: aprendiz de Jedi), a pedir golosinas de puerta en puerta con algunos niños y madres de la zona que acompañaban a sus cachorros en tan alienante costumbre. Luego, nos enfrentamos en una lucha sin cuártel con nuestros sables de luz, para luego comernos una enorme pizza entre los dos y caer rendidos de cansancio, sin sacarnos los trajes, viendo el primer episodio de la saga galáctica. Nos dormimos con la fuerza de nuestro lado.

Libertad con olor a Pedo

El divorcio no debe ser óbice para la celebración. Clausura de los lamentos. Celebración de la tranquilidad psíquica. Fiesta de la individualidad. Saludo a la libertad perpetua y no efímera; porque si te divorcias para, al poco tiempo, extrañar los desniveles diarios en el colchón o los besitos de buenas noches, pues, hiciste mal en divorciarte y debes regresar pronto al martirio legal.

Desde la oficialización de mi separación con Diana, algunos amigos se han preocupado de emparejarme con cualquier fulana que esté disponible. Causándome más molestias que complacencias. “Esta, sí te va a gustar mucho, Alberto. No tengo dudas”. Claro, la más persistente es Jacqueline, amiga laboral. No le he preguntado el por qué de su afán por mantenerme ocupado, en las lides sentimentales, con alguna de sus amigas; pero empiezo a sospechar que me considera una amenaza latente para su estabilidad emocional. “¿Qué es lo que buscas, Alberto? No te hagas al exquisito”; me llamo la atención, con cierta frustración. “Busco unos ojitos como los tuyos, que me estremezca cuando los mire” le respondí orondo. Jacqueline es una chica muy bella, de intrigantes y enormes ojos marrones con una impactante cabellera que roza su cintura; pero que, sabe tanto de mí y de mis artimañas como mi propia madre, dándose cuenta sin mucho esfuerzo de lo fraudulenta de mi frase. “No hables huevadas, huevón, y dime qué es lo que quieres”.

¿Adónde vas?
¿Por qué llegas a esta hora?
¿Quién te llamó?
¿No te gusta lo que he preparado?
Hoy no. Tengo dolor de cabeza.
Siempre estás cansado cuando yo quiero.
¿Aún me quieres?
¿Alberto, estoy gorda
? … Uhmmm.

Me gusta utilizar los espacios sobrantes de mi cama, al dormir. Agradezco la dictadura de volumen y programación que ejerzo, a través, con el control remoto sobre la televisión. Poder elegir entre quedarme a dormir o no con una chica es una saludable costumbre que no pienso abandonar; claro, cuando se me presente la oportunidad. Nunca me obsesioné por conseguir enamorada, siempre surgió de manera espontánea; y ahora, luego de un matrimonio fallido es comprensible que mi soltería sea catárquica. Balsámica.

No busco, encuentro. Calzón fugaz mi nombre es Alberto, tengo veintinueve años y no tengo intenciones de conquistar tu corazón, sólo conocer tu color. Tu olor. Y después puedes marcharte, sin pudor. “Lo que buscas son zorras, Alberto ¿Qué de bueno puedes conseguir saliendo con jugadoras?”; lo más probable es que nada, Jackie. Nada. Y eso está bien; porque yo, también, no tengo nada para brindar. El compromiso es una labor que no pienso desarrollar. Por ahora, déjame tirar los pedos que desee, durante la madrugada, sin preocupaciones por la que duerme al lado; pues, ese olor a mierda en la oscuridad de mi sueño, me hace recordar que ahora soy libre.



<<… te confieso que también he sido un perro compañero,
un perro ideal, que aprendió a ladrar
y a volver al hogar, para poder comer.>>
Andrés Calamaro
"Flaca"

Fantasía Onírica

Ayer soñé, que respirabas en mi pecho.
ayer soñé, que dibujabas en mi orilla una razón.
Una canción para mi.
Al despertar, kise ver el sueño hecho realidad;
vivir el tiempo que nos queda por andar…
pero al mirarme me dijiste
“olvídate, fue sólo un sueño y nada más
despiértate de una vez".
(El espejismo de los Sentenciados)
Leuzemia



- ¿Qué haces aquí?- me dijo sorprendida.
- Vine a verte.

Me hizo sentar en su sala que no tiene cortinas y de muebles blancos. Vestía una malla negra y una blusa del mismo color que amarraba por detrás del cuello. Caminaba con coquetería y se le notaba nerviosa. Encendí un cigarrillo para calmarme y disfruté verla servir los tragos. Al ofrecerme la copa rocé sus dedos fríos, cuyas uñas pintadas de negro la hacían ver más misteriosa, eso me estremeció. Se acomodó en el sillón individual, cruzó las piernas y bebió un sorbo de su bebida. Detrás y alrededor de ella había una variedad de plantas que la hacían ver como una amazonas. Salvaje e indomable; como esos ojos que, tras aquellas gafas, me examinaban con falsa ingenuidad. Sentía que nuestra respiración era acelerada; y es que, las ganas no saben de intermedios. Apago mi cigarrillo y me acerco a ella. Ella me sigue con la mirada. Le cedo mi mano; ella accede y siento la suavidad de su mano fría. Se levanta del sillón con elegancia y sin dejar de mirarme. "Esto no tiene que ver con el amor" le susurro, mientras le quito los anteojos. Me acerco más; beso su cuello infinito y ella me quita la casaca. La camisa. Me pierdo en su boca. Ahora, su blusa negra reposa sobre el sillón en el que antes ella cruzaba las piernas. El descubrimiento de sus senos me regala una erección instantánea. Los beso. Los lamo. Los estrujo. Los apachurro y los vuelvo a besar. Sin reparos llega la desnudez y ella se aleja. Regresa con una Cybershot y un lapicero de tinta indeleble. "Márcame" me dice, alcanzándome el lapicero. Escibo una "F" sobre uno de sus senos. La beso y ella sonríe. No sé si complacida o irónica. "Ahora tú", le digo. Se agacha y sosteniéndome el pene erecto escribe su nombre sobre el glande: "IDALIA". "Mantenlo así" me ordena, para luego tomar una foto a su obra. Me entrega la Cybershot y dirigiéndose a su dormitorio me hace una seña para que la siga. Lo último que veo de ella son sus níveas manos desaparecer por la puerta. intento seguirla pero las piernas no me responden. Me desespero. Intento llamarla y no puedo.
¡Alberto, Despierta!

- ¡Alberto, despierta! Ya es tarde vámonos
- ¿¡Qué!?
- Ya es tarde, Alberto. Son las diez.
- ¿De la mañana?
- No, tonto, de la noche.
- ¿Y... acaso mañana te casas? ¿Cuál es el apuro?
- ¡No tarado! Pero mañana trabajo.
- Mañana es domingo.
- Sí, pero tú sabes cómo es el trabajo.
- Está bien, pero déjame dormir media horita más, que quiero ver en qué acaba mi sueño.


"cada instante te haces más dueña de mí
cada locura que tú hagas es por mí
y todo sigue igual
y poco a poco nos dejamos llevar"

(Todo Estaba Bien)
Río

Última Noche

- ¿Y no te importa?-me dijo indignada.
- La que se casa eres tú y no yo.

Cuando me llamó me dijo que después de esta vez, ya no habría próxima; que sería una esposa fiel y conservadora; que ella me quería un culo y que por eso yo, siempre, sería su eterno amante; y que no piense que me estaba utilizando. Y qué más yo no quería, utilízame todo lo que quieras. Úsame como un juguete consolador al cual no tienes que rendirle cuentas. Pero utilízame.

- ¿Tú me quieres, Alberto?
- Claro, Moniquita. Claro que te quiero.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces, qué?

Siempre la he querido; pero como a una amiga. Amigos que follan. Que disfrutan de hacerlo y no se recriminan los tiempos. El tiempo es para los egoístas, para las personas que sufren de complejos de posesión. La quiero, pero no para siempre.

- Quédate toda la noche.
- ¿Es una orden?
- Sí.
- ¡ja! Está bien.

Nunca pude decirle no. Desde que nos conocimos en la universidad ella siempre se aprovechó de mí. Y yo dejaba que lo hiciera. No perdía nada dejándola; al contrario, ganaba. Luego cuando terminamos la carrera, me enteré que salía con César. Luego terminaban y, después, regresaban. Y ahora el próximo mes se casan. Yo, me estoy divorciando. Los papeles se invierten.

- Necesito bajar un par de kilos para que el vestido me entre.
- ¿Un par?
- ¿Qué quieres decir, tonto?
- Nada.

Había engordado un poco. Te quedan bien esos kilitos de más, le mentía. Dice que había estado comiendo mucho por la angustia del acontecimiento. Que recién se ha reinscrito en el gimnasio y que no tiene sexo con César hace un mes; para llegar con expectativas a la luna de miel, me cuenta que dice él. Tirarán en un hotel de Medellín (Colombia) y, luego, se van a Guadalajara (México). Yo le daré los honores en Lima (Perú).

- ¿Me extrañarás?
- Seguro.
- No parece.
- Por eso me divorcio, porque nunca parece.
- ¿Y yo por qué me caso?
- porque nadie te detiene.

Kumbia

No bailo. No me gusta hacerlo. No sé hacerlo. Pero, lo admito, he bailado. Y lo he hecho muchas veces, rendido ante la presión social. He caído avasallado ante los afanes femeninos por el baile. No bailo. Y siempre me pregunto ¿Cuál es el mérito de ser un buen bailarín? Bailar es instintivo del ser humano, como llorar, por tanto bailar es un ritual primitivo. Pero, yo no bailo por creerme civilizado; no lo hago porque soy torpe o porque me siento ridículo haciéndolo. No bailo. No disfruto hacerlo y las pocas veces que disfruté, no lo recuerdo; me contaron, pues, estaba muy ebrio. No sé bailar y nunca tuve la pretensión de aprender. No bailo. Pero, sí lo acepto, he reincidido en el pecado; y lo que es peor, lo he disfrutado. Y eso que no bailo.

A pesar de no ser muy grandes, sus tetas querían escapar del escote; los desenfrenados movimientos pélvicos y los brazos alzados favorecían al descubrimiento. Nadie fue bendecido con la revelación, ni de medio pezón. Aquella noche los cuerpos exudaban cumbia: "Grupo 5", "Hermanos Yaipén", "Armonía 10", "Juaneco y su Combo", "Néctar" y así hasta el infinito. Nada de salsa. Nada de merengue. Y mucho menos, nada de rock. La cumbia dominaba la fiesta matrimonial y la combinación de licores que había ingerido hizo que cayera rendido ante el contagiante ritmo. Me descubrí haciendo pasitos. Aplaudiendo. Cantando las letras. Dando vueltitas. No, no estaba borracho (me hubiese gustado para no recordar); sazonado nomás. ¿Qué puedo alegar a mi favor? Nada. Bailé cumbia hasta el alba. Me drogué de cumbia. Ahora estoy en proceso de desintoxicación; y como dos laxantes eficaces relucen sobre mi escritorio las entradas para Jesus and Mary Chain y R.E.M. que acabo de comprar. Ah, no bailé con ninguna gordita. Estoy a dieta.

Golpes de la Vida

Iba a iniciar este post contando las magulladuras físicas que ostento en estos días, pero he caído en la cuenta que las hematomas emocionales son más dolorosas y, como adivino, el sadismo es una de las virtudes de quienes leen este escatológico blog.

Golpe 1:
"Eres un patán igual a todos", me dijo con ojos furiosos. Ojos húmedos. No gritaba, ni alzaba la voz, pero sus palabras despedían huracanes. Gabriela había ido a visitarme a la Clínica San Pablo (exageradamente la empresa me obligó a internarme) donde me recuperaba de algunas lesiones (costilla rota). Esperó a que todos se fueran para entrar. Me sorprendió verla, pues, no la esperaba. Al inicio todo fue cordial, pero después empezó los reproches que era la verdadera razón de su presencia. "¿Tú crees que yo soy una puta a la cual puedes utilizar cada vez que te da la gana?". La justificación de que estaba ebrio, no funcionaba; de que me sentía solo, tampoco. ¿Qué quería escuchar? ¿Que la amaba? Eso sería mentirle. ¿Que sólo quería tirar un rato? Eso también sería mentirle. Pero es que, a veces, uno hace cosas sin saber por qué las hace. A lo bestia. Nos quedamos como diez minutos en silencio. Abrió las ventanas y encendió un cigarrillo. Yo, también, quería uno. Dió tres pitadas, agarró su cartera y antes de salir me dijo:"No quiero volver a verte". Estaba en su derecho.

Golpe 2:
Regreso a casa el martes por la noche. Ya estaba hasta los huevos de la Clínica. "Toma hijo te llegó esto ayer". La solemnidad con que mi viejo me dió aquel sobre era inusual y profético. Era un citatorio para firmar un acuerdo regulador de divorcio.

Golpe 3:
Mi novia cibernética me confiesa su infidelidad a través de un tardío e-mail. No lloro, pero tampoco sonrío.

Golpes Físicos:
El primer golpe fue donde uno menos desea. En la cara. El segundo, también. En ese instante me di cuenta que llevaba todas las de perder; pues, dentro de mi habitual estupidez pensé que podía lidiar con tres. Y lo peor, es que no eran tres contrincantes comunes, sino, eran tres obreros de construcción civil. Superman sólo soy para mi hijo.

Hay leyendas donde se cuentan que Ingeniero tal fue echado a una fosa y bañado con cemento y agua por mandar a la mierda, las peticiones del gremio constructor. Muchas son verdaderas otras son exageradas. Lo cierto es que, lidiar con el lumpen proletariado que son los dirigentes de construcción es tarea de negociadores. Y ahí entro a tallar, yo. Se suponía que yo era el mejor negociador de todos "Esta es una situación difícil. Creo que Alberto tendrá que ir". Creí que sería otra negociación sencilla. No fue así. Mientras escapaba de los enardecidos junto a los Ingenieros Residentes un lampazo me alcanzó. No sentí dolor alguno. Escapar como una rata era la consigna. La camioneta salió disparada. Con nosotros. La obra está paralizada y ahora yo tengo más tiempo para quejarme de mis golpes emocionales. Los físicos pueden esperar.

¿Cómo es hacerlo con una gorda?

Para tener relaciones sexuales con una gorda, definitivamente, no debes ser vegetariano. Carnívoro es tu opción, más ventajosa. Ser un aficionado a las parrilladas dominicales; a los chicharrones; las butifarras y demás delicias preparadas con el noble porcino. ¿Por qué? Pues, porque cuando veas, por vez primera, calata a tu amada ballena verás mucha... pero mucha carne, mondongos y hasta manteca; y para que se te pare, por lo menos, pensar en comida (y que, eres un gran cocinero) es de gran ayuda.

Aparte de estos detalles que más tienen que ver con lo psíquico; un buen polvo no va a depender de la gordura o esbeltez de la hembra, sino de sus habilidades amatorias y, sobre todo, de su desinhibición (léase como, su espíritu putístico), pre y post colchón.

Es verdad, una gordita al desamparo de las luces se le encontrarán "defectos" que algunos no podrán tolerar; para otros, aquellos "defectos" pueden resultar afrodisiacos. Claro, aquí estamos refiriéndonos a mujeres con sobrepeso, y no, a obesas de ciento cincuenta kilos; porque esto último, ya, resultaría un fetiche muy bizarro.

Hay alimentos que el hambre te enseña a comer. Y el hambre de una borrachera es voraz. El amor, la calentura y, en mayor medida, el alcohol no distingue entre flaquitas o gorditas. Pero, ante todo ¿Y cómo es hacerlo con una gordita? Pues, sin temor a equivocarme, es igual de satisfactorio como tirar con una sílfide; la diferencia es que, con la gordita tienes más de donde agarrar. Cualidad agregada, le dicen. Ahora, una gordita te puede mandar a la mierda o no, si le pides una "mamada"; pues, los fellatios, cunnillingus y anilingus son costumbres que nada tienen que ver con la balanza. Me parece que más provechoso, para los que somos indecisos, es resolvernos esta disyuntiva ¿Que preferiría una fea con un cuerpazo o una gorda bella?

No puedo

- ¿podemos hablar, Alberto?
- ¿Quién es? –pregunté, fingiendo no reconocer su voz.
- Soy Gabriela.
- …
- Alberto…Esperé a que me llamaras, por lo menos, al día siguiente. Y no lo hiciste. Han pasado más de dos semanas desde que te apareciste en la puerta de mi departamento con tu serenata y…
- Discúlpame, Gabriela, si eso te mortificó de alguna forma.
- El que fueras no me molestó. Me molestó… no, me incomodó que te hayas largado sin despedirte o esperar a que regresara…salí a comprar unas cosas… cerca.
- Gabriela, no quiero justificarme, pero estaba borracho y sólo quería hablar contigo, aquella noche. No tenía nada planeado. Lo que pasó es mejor que no hubiese pasado, porque eso implicaba regresar contigo y, la verdad, yo no quiero eso.
- Tenemos que conversar eso, Alberto, cara a cara. ¿Puedes?
- No. No puedo, Gabriela. Ahora estoy enfermo y con fiebre.
- Te hubieses inventado una mejor excusa, Alberto. Bueno, si no quieres hablar, tampoco te voy a rogar.

Colgó. Pero le decía la verdad. Estaba enfermo. Lo estoy desde el jueves. Y me he pasado el fin de semana tirado en la cama leyendo; escuchando música; viendo televisión: “Rock del Amor 2”, alucinando que soy Brett Michaels; viendo, también, fútbol y muchas películas.

- ¿Alberto?
- Sí.
- Hola, soy Álvarez.
- Hola, Juan. ¿Qué pasa?
- Estoy con Bundy en el “Vocé”, cerca de tu casa. Oye, ese Toño nos ha fallado. Se ha largado con su enamorada y dice que ya no podrá venir. Ya habíamos quedado con Anita ¿Te acuerdas de Anita Brescia?
- No.
- Bueno, viene con dos amigas que están… y… ya, pues, matemática pura Alberto. Ellas son tres, nosotros dos. Sobra una. ¿Habla, te animas?
- No puedo. Estoy enfermo. Pero llama a Pedrito, ese es capaz de recorrer 500 kilómetros con tal de “juerguear”.

Colgué. Era sábado por la noche. Años atrás, una llamada como esa hubiese causado una milagrosa recuperación en mi salud. Hoy no. Decidí descansar para recibir el domingo con mejor semblante.

- ¡putamadre, Pedro! Son las tres de la mañana ¿Qué mierda quieres?
- Nada, huevón. Sólo quería contarte que ese par de imbéciles de Álvarez y Bundy me llamaron para decirme que les sobraba una mostra* y que ¡fíjate tú! Si no me animaba. ¡Los mandé a la mierda! Cuándo he necesitado de esos tarados para conseguir una hembrita ¿¡cuándo!? Y ¿Acaso no saben dónde mierda estoy, ese par de… me estás escuchando, Alberto?
- Sí, carajo ¿Para contarme ¡eso! me llamas a estas horas?
- Nooo. También quería contarte que ahorita estoy con una charapita**.
- ¿Y?
- Que esta es una charapita gordita.
- ¿Así?
- Sí, hijo. Es que, tenía que probar el chicharrón, pues. En esta vida hay que probar de todo. Y la verdad, Albertito… no está nada mal. Rico es esto de llenarse las manos de mondongo suavecito… es una sensación… ¡distinta!
- Oye, ¿No está contigo ahora escuchando lo que dices?
- No. Está en el baño. Creo que está cagando. La he hecho tragar toda la noche sobre mi cuerpo. Está bien papeada la gordita. Mira, ahorita que salga me la voy a tirar. Hago que me despido y dejo el celular encendido para que escuches cómo grita la chanchita. ¿ok?

Efectivamente, Pedrito dejó el celular encendido. Los grititos eran muy graciosos y apenas eran audibles; luego, unos sonidos guturales dominaron el ambiente. Era Pedrito, que parecía un papagayo en celo. Colgué. Vergüenza ajena, le dicen. Acomodé la almohada e intento dormir. Me dominaba una tranquilidad extraña, atípica de mi personalidad. Entonces, mientras me adormecía por el sueño, caí en la cuenta que, a pesar de faltar un año para la treintena, la madurez me está poseyendo. Y eso me da miedo, pues, yo todavía quiero ser un sinvergüenza. Y creo que ya no puedo.

*mostra: fea.
**charapita: mujer oriunda de la selva.

Réquiem

Fui bastante precoz, pues, tuve mi primera enamorada a los doce años. Ella tenía la misma edad y, ¡oh, coincidencia! también, era del mismo día y mes. Eramos inseparables y, puedo decirlo con toda seguridad, que fue a la única que le fui fiel mientras duró nuestro romance. Fueron, casi, cuatro largos años de pura pasión; ella, aunque no lo crean, me enseñó algunos "truquitos" que aún practico.

Recuerdo, también, que nunca me hizo una escena de celos; cuando alguna chiquilla minifaldera se me acercaba a coquetearme. Tampoco se dió aires de dominante o controladora, pues, nunca la escuché decir: "Prefieres estar con tus amigos, que conmigo". Nunca me alzó la voz, ni se enojó conmigo por nimiedades. Era la novia perfecta, hasta que Rocío se cruzó en nuestro camino. Tuve que abandonarla.

No me odió cuando me enamoré de Rocío. Fue tan comprensiva que se convirtió en mi mejor amiga. Y, todavía lo es. Luego, se interpusieron otras enamoradas; una ex esposa; las amantes y, actualmente, mi omnipresente chavita. Y, a pesar de todo, siempre estuvo allí. Como toda ex novia y, luego, mejor amiga hemos tenido nuestros "remembers" casuales. De consuelo. De pura calentura. De despecho.

Pero claro, de todas mis enamoradas, ella fue la menos agraciada. Bueno, en realidad, ella fue la única fea de mi vida. Su fealdad la hizo tan insegura que cuando teníamos sexo, me rogaba que la llamara con el nombre de mi amor de turno; según ella, para que el polvo sea más convincente. Tal es, nuestra confianza, que mientras escribo este post, ella está presente; cerciorándose que todo lo escrito cumpla con la verdad. Un réquiem no estaría completo sin una fotografía de ella. La convencí. Soy fea, pero no tímida, me dijo. ¡Ay, la vanidad! después de cincuenta tomas, ella escogió esta foto para mostrársela a ustedes:FOTO

Cita a Ciegas

Pedí otra cerveza para ver si así me animaba. No lo conseguí. Pedí otra màs, con inteciones de verla más carnosa. Esta vez, el alcohol no hizo efecto; seguía notando lo huesuda que era, lo flacuchenta y casi anoréxica que se veía. Bebía su Cosmopolitan a sorbitos insoportables y su ensalada lucía intacta. Su rostro era bello, pero era un rostro que no congeniaba con ese cuerpo de chiquillo pajero. Me hablaba y preguntaba sobre temas que no me importaban, en ese momento, y que tenían el firme propósito de demostrarme que era "inteligente". ¿Qué mierda le habría contado, Jacqueline, sobre mí? me preguntaba.

"Es linda; regia; elegante y, sobre todo, inteligente -me convencía, entusiasmada, Jacqueline-. Te va a encantar, Albertito. Yo lo arreglo todo, no te preocupes." Pues, sí me preocupaba. No soy muy afecto a las citas a ciegas. Aunque, tan ciega esta no era. Mariela (Tal, es el nombre de mi cita), decía haberme visto entrar o salir, en varias oportunidades, con Jacqueline. Ambas, amigas, que estudiaron Derecho en la misma universidad, pero en distintas promociones (Mariela acaba este año), que coincidieron trabajar en el mismo edificio comercial. Mariela, como practicante en el estudio de abogados, dos pisos debajo nuestro; y Jacqueline como asesora legal de nuestra empresa constratista. "¡Ya, todo listo! El sábado por la noche, sales con ella. Toma su número para que coordinen. ¡No la cagues, Alberto! Ella es mi amiguita y no es ninguna jugadoraza, te advierto. ¡Ahhh! y, por si acaso, no es ninguna cojudita que habla huevadas".

Me gusta hablar huevadas; es la mejor manera de conocerse mejor, pues, es en esas conversaciones donde rescatas la esencia de la otra. Dejemos las charlas coyunturales y filosóficas para cuando tengamos la confianza de tirarnos un pedo juntos. Pido otra cerveza y, todavía, me pregunto: ¿Qué mierda le ha contado Jackie, sobre mí, a esta chica, para que siga con su jodido discurso existencialista? Prueba tu puta ensalada, aunque sea, maldición. Ya cállate. No te esfuerces por impresionarme intelectualmente. ¿No ves las orejas de burro que tengo? ¿O son de asno? ¿O soy una bestia insensible que no aprecia los esfuerzos, de mi raquítica acompañante, por pasar una noche agradable? Es lo más probable. Pedí la última cerveza y, luego, la cuenta.

Mientras conducía de regreso a casa, no me sentía mal por mi esmirriada acompañante, que debe pensar que soy el ser más aburrido, ególatra y petulante de Lima. No, me importaba un rábano lo que pudieran pensar de mí. Es más, debe agradecer el haberse dado cuenta a tiempo, lo jodidamente complicado que suelo ser cuando estoy con toda la mierda en la cabeza. No, qué me iba a importar; si siempre he sido un tunante sinvergüenza. Un descarado. Una bazofia que no se merece ninguna mujer. Pero, lo que realmente me tenía preocupado era que, esa urbe que tanto conocía y me acogía, se me presentaba distante y hostil. Como si supiera que mis pensamientos no están con ella, sino, en otra ciudad que no conozco. Pues, que se joda Lima con sus Gabrielas, Mónicas, Marielas y, hasta, sus Dianas. Mejor es mi mano, que mal acompañado. Me paso una luz roja y en el stereo del auto suena Calamaro.

Utópica Piel

No era cualquier "F", era una efe estilizada. Artística. Era arte sobre arte; porque las piernas donde descansaba aquella consonante, en mi honor, son obra divina. Aquellas piernas me hicieron dudar, como dicen, que la perfección no existe. Sí, existe. Piernas infernales, pues, este ardor inconsolable que siento en el pecho al contemplarlas lo atestigua. Ardor que se transforma en calentura. Calentura que termina explosiva. Big Bang.

La internet siempre me sirvió como un medio para buscar información o recibirla, chatear con familiares o amigos y, por último, para expresar ideas o -como es este caso- ventilar mis intimidades, pero nunca para buscar pareja "on line". No digo que la tengo, pero no me molestaría.

Es un juego donde ella es sensualidad pura. ¿Yo? Su marioneta, pero una que disfruta de serlo. Una que con cada foto epidérmica que le envía, hace de ella su dueña. Su esclavo. Su perro. Mis sueños (húmedos) y deseos están subyugados a su piel pixelada. Es un juego y yo soy su juguete.

Así como la internet nos unió, en este intercambio lúdico de e-mails y sazonadas con generosas y desinteresadas porciones de piel, la internet nos puede separar. Para llegar a el nivel de confianza que estamos experimentando, hemos pasado por distintos filtros que esclarezcan nuestras verdaderas intenciones. Nada santas, por cierto; pero terrenales y, por tanto, excitantes.

Es mi primera vez y ella es mi musa desvirgadora. Y como siempre sucede con todo primerizo ante su iniciadora: uno se obsesiona... con ese cuello que no puedo lamer; con esas piernas que no puedo estrujar; con ese pecho que invita, dadivoso, a descansar en él. Y no puedo. Es que... estás muy lejos chava. Pero eso, no es motivo para que encienda cigarrillos a tu nombre. El humo siempre se dirige al norte. Y por si se lo preguntan, no es gorda. Es utópica.

In Vino Veritas

Los hombres solemos ser muy animales. Y es que hacemos, a veces, el ridículo para conseguir los favores sexuales del calzón que perturba a nuestro húmedo calzoncillo.

Luego de colgar el teléfono a Gabriela, continué con las celebraciones onomásticas. Las horas pasaban y la sensatez se diluía. Estaba bastante ebrio, según lo poco que recuerdo. Ya hacia las cinco de la mañana era un borracho impulsivo que actuaba muy cariñoso con sus amigos: "te quiero un culo, Pedrito"; y que, también, esperaba irse a dormir al lado de un buen par de tetas. Puesto que, esto último, era muy complicado de obtener si continuaba emborrachándome en mi cumpleaños y en casa de mis padres, decidí hacer algo desesperado. Llamé a Mónica. La imaginé, seguro, durmiendo al lado de César -su futuro esposo-. No me importó. Una voz malhumorada me recibió. "Estoy sola, Alberto. Pero no jodas, pues, ¡mira la hora que es! estás borracho, además. Mañana hablamos, ¿ya? Déjame dormir". Colgó. La borrachera no me permitía planear excusas para lograr mis objetivos. Todo era espontáneo. Instintivo. Impulsivo. Mis actos eran puro reflejo. Mi siguiente llamada no obtuvo respuesta, así que, fui en busca de ella.

No sé cómo llegué. Sólo recuerdo encontrarme frente a su puerta y con mi guitarra en las manos. Dentro de mí, sabía que estaba a punto de hacer el ridículo. Pero, tampoco me importó. Recuerdo Tocar el timbre de su departamento, rasgar las cuerdas de la guitarra y sentarme en las escaleras ha esperar que salga. El sol entraba tímido por los ventanales del edificio. Eran las seis y nueve de la mañana. Canté.

Quizás porque no soy un buen poeta
Puedo pedirte que te quedes quieta
Hasta que yo termine estas palabras
Quizás porque no soy un gran artista
Puedo decir tu pintura está lista
Y darte orgulloso este mamarracho
Quizás porque no soy de la nobleza
Puedo nombrarte mi reina y princesa
Y darte coronas de papel de cigarrillos
Quizás porque soy un mal negociante
No pido nada a cambio de darte
Lo poco que tengo, mi vida y mis sueños
Quizás porque no soy un buen soldado
Dejo que ataques de frente y costado
Cuando discutimos de nuestros proyectos
Quizás porque no soy nada de eso
Es que estás aquí en mi lecho
Tampoco recuerdo en qué parte de los gallos salió Gabriela. No se asustó por el qué dirán los vecinos. Sonrió al verme desamparado y esperó a que acabe de ¿cantar? Se acercó y me ofreció su mano. La tomé y me levanté. Entré y cerró la puerta. Tiré la guitarra y me acomodé en el sillón, mientras daba las últimas pitadas a mi cigarrillo. Ella observaba todos mis movimientos con curiosidad materna. Yo trataba de ver por entre la bata de corazoncitos rosados que llevaba puesta. Se quitó la bata. Se acercó a pasos seguros con su calzoncito blanco. Se sienta sobre mí, dándome la cara. Nos besamos. Nos mordisqueamos. Nos lamimos. Nos acariciamos. Nos unimos. Gemimos. Sudamos. Nos dormimos. Pero no hablamos. Cuando desperté no la encontré. Me vestí y largué. Deprisa. Arrepentido. Culpable. Sin mirar atrás. No la he llamado. Ella tampoco.

:::29:::

- ¡Feliz Cumpleaños, guapo!

Fue la primera en saludarme. Se lo agradecí con mucho esfuerzo, pues, a pesar de haberme despertado a las seis y treinta de la mañana, lo que realmente me jode y detesto es mi cumpleaños. Y no, por los clásicos complejos de veteranía, sino porque seré el centro de la atención de familiares y amigos.

"Trataré de darme una escapadita, para darte un besote cumpleañero y un regalito." Faltaban dos minutos para las siete de la mañana, y el madrugador saludo de Mónica había ahuyentado mi sueño. Decidí levantarme y prepararme "psicológicamente" para enfrentar este incómodo día.

Nunca me ha gustado celebrar mi cumpleaños. Desde muy pequeño ha sido así, y no sé por qué. de repente se deba a mi incapacidad de ser un buen anfitrion o, tal vez, a la fobia que le tengo a que me canten, con pastel y velita, el "feliz cumpleaños", o lo que es peor, el "happy birthday" que en realidad es "japi verde".

No hay invitaciones, ni fiesta que se anuncie. Suelen aparecerse, en mi residencia de turno, sin siquiera llamar antes. Me saludan y beben tragos, si quieren. Siempre quieren. Diana sabía de este inusual ritual y detestaba a esa banda de borrachos que había que atender. Mamá, siempre lo supo y, se prepara para recibir a los que nunca fueron invitados pero que saben no necesitar, en esta ocasión, de semejantes formalidades, pues, siempre serán bienvenidos. El solo hecho de recordar tu nacimiento es una invitación a tu hogar.

Pedrito vino especialmente desde Iquitos. Hizo su aparición recién duchado; el cabello húmedo lo delató. A su lado estaba Patricia, también húmeda. "Acabo de salir de un `telo´. Cerquita nomás, pa´ no llegar, pues... Se la he arrimado, a la Paty, desde que bajé del avión. La he puesto al día. Mírala... está contenta ¿no?"

Pink Floyd no interrumpía las conversaciones, pero estas, hacían imperceptible el "Wish you Were Here", que era un susurro entre los, ya, eufóricos debates que se habían iniciado. Eran dieciocho, entre familiares y amigos, que vociferaban con aliento alcóholico por la sala y el comedor. Nada mal para no haber sido invitado ninguno.

Once y diez de la noche: mamá saca la torta con su velita encendida. Se apagan las luces. Agradezco la oscuridad, pues, ella es cómplice de mi sonrojo. Empiezan a cantar. Palmaditas. Unos cantan en castellano y otro en inglés. Más palmaditas. ¡Sopla la vela! ¡Pide un deseo! ¡Que se levante una gorda! grita Pedrito. Apago la vela de dos soplidos. Culpo a los cigarrillos. Me olvidé de pedir deseo. Culpo a Pedrito.

"No me atrevía a llamarte. Pero igual lo hice. ¡Feliz cumpleaños!" Su voz era insegura y vacilante. Podía adivinar su rostro y sentir la fragancia de su cabello en sus palabras. Ya estaba borracho. "Me apena no estar allí... contigo"; ven, le dije. "Ya es un poco tarde... Te envié un regalo con Paty" me encantó, le mentí. No habia abierto ninguno de los que había recibido. "Bueno, me voy a dormir. Pásala bonito. Chau". Faltaban cinco minutos para la medianoche y, esa, fue la última llamada que recibí por mi cumpleaños.

PD: Gracias a las lectoras que, no sé cómo, se enteraron y saludaron por mail. Gracias.

Prejuicios

“Este puto tiene una suerte con las cojuditas”. Tal vez tenía razón, pues, Jacqueline había sido testigo mudo de cómo algunas “cojuditas –como ella suele decirle a las chicas con escaso raciocinio para dilucidar entre las verdades y las mentiras que solemos decir los hombres para conquistar a estas ocasionales hembras- que caían ante el encanto verborrágico de José Bundy.

Era la hora del almuerzo y los restaurantes de la zona comercial de San Isidro lucen repletos de hambrientos ejecutivos, secretarias, anfitrionas, burócratas y profesionales de dudosa reputación; en esta última clasificación se encontraba nuestra famélica mesa de menú de cinco soles. En ese momento me debatía entre escoger entrada o sopa; lomo saltado o mondonguito a la italiana y refresco o cafecito. En esa estaba cuando entró cimbreante, descarada y platinada “la cojudita” de la tarde. Se sentó en la mesa nueve, sola y parecía que esperaba a alguien. Todo bien, hasta que comenzó a sonreír hacía nuestra mesa, ante las desesperadas miradas de Bundy. “No te hagas muchas ilusiones José. Se nota que es bailarina o vedette y que está esperando a algún empresario billetón”; afirmó con cierto prejuicio Jacqueline, ante las fachas desprejuiciadas de la muchacha. Ella siguió mirando de reojo a nuestra mesa.

Decidí ensalada como entrada; lomo saltado como segundo; mazamorra morada de postre y café para bajarla. "¡Uy, carajo! La cosa es contigo Albertito. La flaca no te quita la mirada”. Descuidé un instante mi ensalada para percatarme de la veracidad del comentario. Alcé la mirada y me estrellé con esos enormes y falsos ojos verdes que me esquivaron con una sonrisita, una vez que me percaté de ella. Continué comiendo y dije sin despegar los ojos de la ensalada: “Bonita y coqueta, pero está esperando a su galán”. Me hice al desinteresado. Pero era cierto, la chica miraba constantemente la hora en su celular y observaba con impaciencia la puerta de ingreso.

La chica era bonita pero nada común. Era muy llamativa. Su pelo, su ropa y un acentuado maquillaje la hacían ver como si fuese de la farándula. Y una chica, así, sólo puede esperar a algún despistado de billetera acomodada. “¡Hola mamita!” dijo la chica con fuerza, como para que, nuestras mal pensadas almas escuchen y así nuestros prejuicios nos lo metamos al culo.

“Ahora sí, Albertito. Tu especialidad: mamá con hija. No hay pretextos”; arengó Jacqueline. ¿De dónde habrá sacado esa idea de la especialidad? Observé a la mamá y el poto rebalsaba la silla. Sus labios eran delgadísimos para las enormes nalgas que tenía en la cara. Los “mondongos” eran más grandes que sus tetas. Era un rinoceronte. “No me interesa –dije convencido-. De aquí a un tiempo, ella será como la mamá. ¿No?”

El superhéroe

- ¿Papito?
- Dime, hijo.
- A mí me da miedo cuando el piso se mueve y las paredes también.
- Eso se llama temblor, hijo. Y cuando el movimiento es más fuerte que lo normal, a eso se le llama terremoto.
- Si, papito. Eso me da miedo.
- Pero no debes tener miedo hijito, yo estaré siempre a tu lado para cuidarte y protegerte de cualquier peligro. Mientras yo esté contigo no te pasará nada, hijo. ¿ok?
- ¡tú eres Supermán, papito!
- ¡Sí, hijo. Yo soy supermán! No, mejor… ¡soy Batman!
- ¡No papito! ¡Tú eres superman!
- Está bien, mi amor. Soy Supermán.
- ¡Síiiiiii! Y vas a volar bien alto y… matarás a todos los rateros, y a todos los malos… y … y… y a todos los mostros, papá.
- Hay algunos monstruos gordos que rondan por la casa que me gustaría…
- ¿Papá mi abuelita Tati es un mostro?
- ¿Por qué hijo?
- No dices que los mostros son gordos.
- No hijo, olvídate de eso mejor.
- ¿Papito? A ver vuela.
- Yo soy Supermán, hijo, pero no vuelo. Sólo tengo la fuerza.
- Lo que pasa papito, es que no tienes tu uniforme con tu capa roja. Ahí segurito que vuelas.
- Tal vez, hijo. Tal vez.
- Yo te voy a comprar tu uniforme de Supermán, papito, para que puedas volar.
- ¿Así?
- Sí, papito.
- ¿Y con qué dinero se supone que comprarás el uniforme de Supermán, hijo?
- …uhmmm …
- …
- Ya sé. Cuando yo sea grande ¡así de alto como tú! Yo, te compraré el traje de Supermán. Porque ahí ya tendré mucha plata.
- Pero, hijo. Cuando tu estés ¡así de grande! Y puedas comprarme un traje de Supermán, yo ya no lo necesitaré; porque estaré viejito y enclenque.
- No. ¿sí?
- Sí, mi amor. Para entonces ¡tú serás mi Supermán!
- …entonces el traje de Supermán se lo daré a mi mamá que no estará viejita.
- No, pues, hijo. Para entonces, tú mamá se habrá transformado en un monstruo.
- ¿gordo?
- Tal vez, hijo. Tal vez.

Lima - Iquitos

- ¿Cómo estás hijo de las provincias?
- Mejor que nunca amigo del caos y el smog.
- ¿y ya te levantaste alguna charapita?
- ...¡Y no va ser! ¡Claro hijo! No duré piticlín ni dos días. El capataz de la obra me llevó a una fiesta que organizaba su cuñada. Era una parrillada cor hartas hembritas. Y yo casi fuí el invitado de honor. Y digo "casi" porque nadie sabía que iba a llegar. Es decir, Braulio - así se llama el capataz- me invitó de un momento a otro.
- ¿ Y que tal?
- ¡De la putamadre! la gente aquí es bien cariñosa. Me atendieron como a un Rey.
- Y mínimo habrás retribuido esa atención con algo ¿no?
- ¡claro, pues!
- A ver, cuenta.
- Con dos cosas. La primera: en la noche cuando se acababan los RC (rompe calzón) y demás tragos que preparan pos acá, noté que la fiesta se iba en picada. Osea, se iba a la mierda. Falta trago, dije. Así que, me matricule con diez cajas de cervecitas heladitas.
- ¡Carajo! Te arrebataste. Pero tú por las huevas no haces eso. ¿A quién querías impresionar cabrón?
- Bueno, esa es la segunda buena acción. Después de consagrarme como el héroe etílico de la noche, los anfitriones me dieron licencia para hacer lo que se me viniera en gana. Y yo, de lo que tenía ganas era de Juanita.
- ¿Juanita?
- Sí, Juanita. La sobrina de Braulio e hija de la anfitriona.
- ¡Huevón y no te sacaron la mierda los charapas por pendejo!
- ¿A los héroes se les saca la mierda? ¡No huevón! ¡Cómo crees! Ai estaban súper contentos y borrachos. Lo que pasa Albertito, es que tú no conoces a la gente de provincia por no querer salir de tu adorada Lima. Los provincianos son prácticos. ¡Qué más no quieren ellos! ¿Que la hija o la sobrina salga con un perdedor de por acá o que salga con el jefe del tío?... y que aparte tenga fichas y sea hermoso como yo ¡Ya no ya, pues!
- ¡Ja! eso de hermoso ya es demasiado ego, cabrón.
- Bueno, la cosa es que esa noche o madrugada o amanecer me tiré a la Juanita. La llevé a mi hotel a escondiditas, claro está. Tan conchán no soy.
- Al menos, ¿no?
- Sí, pues. Me volví un caballerito hipocritón como tú, Albertito.
- Ya huevón, no jodas, y sigue contando cómo fue la cosa.
- Está bien. ¿Sabes qué me decía la Juanita mientras se la estaba arrimando toditita hasta el fondo?
- No, cuenta.
- Daba grititos loquitos y arrechitos, y decía: ¡Ay, Ingeniero, duele! ¡Despacito Ingeniero! ¡Ay, Ingeniero, que rico!
- Jajaja. ¿Ingeniero? ¿No sabía tú nombre, acaso? jajaja.
- No sé. Pero, ahora sí lo sabe. Y sigue en las mismas, ¡Alucina! Ya le he dicho que me diga Pedrito, y nada, la huevona sigue llamándome "Ingeniero". Me llega al huevo, total, ya me acostumbré. Así es en provincia, pues.
- Bueno, "Ingeniero", te cuelgo porque aquí se trabaja y no se huevea como en provincias.
- Está bien, esclavo, trabaja. ¡Oye! visítame cuando puedas que ya te reservé una Carachama bien gorda como a tí te gusta.
- Ya huevón, no jodas y chau.
- ¿Y mi besito?
- ¡Vete a la mierda!

¿A todos les sucede?

Siempre me causó curiosidad el servicio sexual. Y no por el simple placer de tirarse a una prostituta, sino por la prostituta en si. Pues, ellas, siempre me parecieron personajes fascinantes de los cuales se podria aprovechar alguna experiencia; claro, aparte de la sexual. Y esa fascinacion fue decreciendo con el transcurso de los años y el desencanto propio de estos dias en que "todo" se sabe.

En unas semanas cumpliré los deprimentes 29 años y nunca había recurrido a una meretriz o "kinesiólogas"; como gustan decirles Bundy y Álvarez, consuetudinarios clientes de tan respetadas proletarias. Y digo "nunca había", porque gracias a la insistencia ("sólo nos haremos unos masajitos, y después lo que salga") y una atormentada curiosidad propia es que me deje llevar sin mucho ruego a mi "primera vez" con una puta. Tenía mis dudas, pues no es la primera vez que iba a visitar algún prostíbulo o las ahora "casa de citas"; antes ya lo había hecho en dos oportunidades. La primera oportunidad fue en un burdel chinchano a los trece años; y esa vez, pude haber sido desvirgado por Meche, paquidérmica concubina que insistía en follarme con descuento por ser un "chiquilín de mirada tristona"; obviamente, algo de pederasta tenía Meche, pues su insistencia llegó hasta la gratuidad del servicio; pero una cosa es la arrechura propia de mis trece y otra tirarme a una puta vieja, fea y obesa. La segunda fue cinco años después como celebración a la llegada de mi "adultez" con DNI y todo, que presenté orgulloso a la entrada del puticlub. Aquella vez regresaba a estos antros con relativa experiencia pero con los mismos prejuicios. Ninguna me gustó. O eran muy viejas o eran muy gordas pero sentía que si iba a pagar por tirar, debería de hacerlo con una mujer que reuna ciertos requisitos estéticos que justifiquen el pago; y si esto no es así, pues, no vale la pena.

No recuerdo cómo llegar y menos el nombre del lugar. Sólo sé que está en un distrito residencial y que las chicas eran muy guapas y atentas. El sexo es la segunda opción en esta casa, pues la primera son los masajes. Las chicas -muy jóvenes ellas- te atienden disfrazadas de kinesiólogas; ya, luego, en pleno masaje -que te cobran de antemano- te ofrecen el servico sexual cuyo precio acordarás con la chica.

Me atendió una chica de unos 19 años, blanca, cabello pintado de rojo y que se hacía llamar: Mayra. Sácate la ropa y échate boca abajo; me dijo, muy profesional, ella. Hice caso. Luego, ella, se arrebata su disfraz de kinesiologa y queda en bikini. Después se trepa encima de mi y empieza a hacer manoseos que ella llama "masajes". Dejé que continúe hasta que se aburra y me proponga su "servicio especial". No esperé mucho, a lo más cinco minutos. Me dijo que me pusiera boca arriba y así me lo propuso, mientras se sobaba sobre mi intimidado pene y me presentaba sus infantiles senos. Acepté, de buena gana, el precio acordado; era una chica muy bella y lo valía. Ella notó mi nerviosismo y le conté que, tal vez, se debería a que era la primera vez que tenía relaciones por tales medios. Ella no me creyó y su escépticismo es comprensible. ¿Quién a los 29 años no se ha escapado de putas, antes? Difícil de creer ¿No? Pues, parece que Mayra no me creyó a medias, porque después de contarle mi inexperiencia en estas lides, ella se transformó en una cariñosa y condescendiente putita. A pesar de su edad y su remilgada figura, Mayra, parecía poseer la experiencia y diablura necesarias para complacer al misionero más severo. Innecesario es contar las mañas que me incentivó a hacer, pues en una de esas pericias se me ocurrió cerrar los ojos para un mejor disfrute; trágica fue la reposición visual, pues, en lugar de ver a la bella Mayra fueron cinco segundos de estar tirándome a Tati, el cachalote de mi ex suegra. No grité, ni dije nada. La alucinación fue feroz, malvada. Inclusive pude ver(alucinar) el rostro gozoso de Tati mientras la cabalgaba. Pensé que "el muchachón" no se daría cuenta ¿Dicen que es autónomo? Pero...se dió. Y no solo él, sino también Mayra que, extrañada, sentía cómo se desmoronaba mi falo, a pesar de mis súplicas.

Qué no intentó Mayra para mi resurrección: pacientes y diestros fellatios; sobadas genitales; "trato de pareja"; arrullos y más fellatios. Y nada. Me sentí avergonzado, y ahora mismo, también, ante la infidencia.Qué no hizo Mayra para cumplir con su labor y alejarme de los fantasmas de Tati. Le agradecí su inútil empeño y ella me respondió con un complaciente "A todos les sucede".

Wall E

"¡Quiero ver, otra vez, Kung Fu Panda!" gritó en mitad de función sin importarle los demás o su avergonzado padre. "Ya, hijo. Baja la voz que molestas a los demás" le respondí susurrándole. La sala no estaba llena. Era sábado por la tarde y debería de estarlo. Unos veinte, papás y mamás, sufrían de la función al lado de sus pequeños engendros, que incentivados ante el vociferante reclamo de Marcelo -mi pequeño delincuente y azuzador de masas-, también exigían a sus incautos padres volver a ver al regordete oso. Sólo los niños que bordeaban los diez años, disfrutaban de la monótona existencia de Wall E. Los reclamos no eran infundados, pues, tuvieron que pasar aproximadamente treinta minutos para digerir un diálogo. Antes sólo eran "pitidos robóticos" y un exasperante -para los más enanos- lenguaje "mímico" (entre comillas porque los personajes son robots).

Wall E es una buena película animada, sólo que es adecuada para pequeños que ya no lo son tanto. ¿No debería existir una regulación que advierta a desprevenidos padres sobre los contenidos de algunos dibujos que supuestamente están destinados para el público infantil? Así como los juguetes que advierten que su producto está destinado para niños de: 3+ ó 7+. Este tipo de regulaciones también debería existir en las películas animadas para que, escenas como las descritas no sucedan más por el bienestar de los que sí están disfrutando de la función.

"...Mira, Marcelo cuantos gordos". La aparición de infinidad de obesos, como el futuro de la civilización humana, llamó por un momento la atención de los "critters" más berrinchosos. Pero dio paso a la función de interminables preguntas: ¿Por qué todos son gordos papá?... ¿mami porque están echados todos los gordos en esos sillones? ... ¿los sillones pueden flotar con esa señora gorda encima? Y así, jodían y jodían con sus interminables preguntas y nadie los detenía. "Hijo, busca a tu abuela por ahí; seguro la encuentras" le dije mientras se veía un apocalíptico futuro dominado por la clase porcina. La tecnología nos hizo la vida fácil y los humanos evidencian una "evolución", caracterizada por la obesidad de nuestros cuerpos y el uso nulo de nuestras extremidades. Gordos y más gordos. Una animación que linda con lo terrorífico. Nuestro futuro será ser enormes odontocetos que se movilizan a través de unos sillones flotantes. No caminamos, no tiramos. Sólo tragamos, dormimos y cagamos. Somos gordos. "¡Papá!... ¡papá! ¿podemos ir a ver Kung Fu panda?", claro que podemos hijo... pero primero esperé a que termine Wall E.