Fuera de casa

Despertar en tu antigua cama y rodeado de pòsteres de bandas de rock (The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd), en esta ocasiòn resultò extraño. Escuchar la lejana voz de tu madre por las mañanas gritar: "¡Albertito, despierta que se hace tarde para el trabajo!" Fue una experiencia bastante anacrónica y atípica. Hace cinco años abandoné el yugo materno. Pero mamá conserva mi habitación como si nunca hubiese abandonado "su" hogar. Mi hermana de dieciocho años, aun vive con mis padres; y, por los antecedentes, tiene para hacerlo unos diez años más. Mi hermano mayor vive en España con su esposa, que es una abnegada y ridícula religiosa (Testigo de Jehová). Mi otra hermana menor de veinticinco vive en Lima, casada, sin hijos y con mucho dinero para despilfarrar con su simpático esposo. Mi viejo, un reconocido y honrado profesional de la construcción, que se niega, terca y obstinadamente a dejar de trabajar pues afirma con vehemencia que nunca se dejará mantener por sus hijos: "Primero muerto" dice. Y mi madre, santa patrona del hogar; qué no aguantó para conservar intacta su familia (infidelidades, los pobres inicios del esposo); y que hoy a sus cincuentaitres años, todavía conserva la belleza y el garbo que la caracterizaron en su longeva juventud.

El sábado que pasò, regresé al hogar de mis padres luego de que Diana, mi mujer, intentará castigarme haciéndome dormir en el mueble: "Si no puedo dormir en mi cama, no dormiré bajo este techo", amenacé, sin repercusión alguna. Luego vino una improvisada mudanza que consistió en dos trajes en sus respectivas bolsas con perchero, un par de jeans, polos, calzoncillos, medias y mi laptop. Dejé dinero para los gastos de la semana y partì. Durante el camino sólo pensaba en mi hijo, y que tal vez, ayer, haya sido la última noche que dormimos juntos como familia. Tuve ciertas dudas, antes de tocar la puerta de mi hogar inicial. Mi madre fue la efusiva anfitriona y lo primero que hizo, al recibirme, fue: alimentarme, luego interrogarme y, finalmente, arroparme. Mi padre, sòlo escuchaba y repetía preocupado: "Sí el problema es dinero, sólo pídemelo".

Hoy en la oficina regresé a mi amado café, luego de incesantes sesiones de lechecita con chocolate. En estos días veré si alquilo un cuartito, pues, Diana, sigue furiosa por una tontería que ella agrandó, y que se convirtió en un tira y afloja que agravó la situación. Ella, no me habla, ni siquiera puede mirarme; sólo pone una cara de culo, que más que miedo, da ganas de convertirte en asesino. En estas situaciones es cuando entiendo el homicidio justificado.

Hoy iré a aclarar las cosas con Diana. Encontrar una solución a este ridículo problema. Si ella persiste en sus afanes coléricos o en su intolerante costumbre de desligarse de toda culpa, pues lo mejor será la separación civilizada, sin traumas para nuestro hijo; yo haré todo lo posible para que esto, aun, resulte. Si es que resulta.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi buen, solidaridad en tus momentos aciagos que te toca pasar.
Si da para mas dará, sino, como bien dices, separacion civilizada, y ahí si, tienes via libre para levantarte a tu gordita :D
Espero que el trance no te quite la chispa.
Atte
WACO

Raulín Raulón... dijo...

Bueno, por lo que leo, este pleito tuyo no tiene nada que ver con otras personas.

Será bueno mudarte a un espacio neutral. Estar solo te ayudará a preparar tu estrategia.

Imberbe_Muchacho dijo...

eso tio,. a conversar, no de sut brazo a torcer, pero tampooc seas inflexible...que todo slaga bien para los tres.

Kat dijo...

:)
suerte

Jarochin dijo...

Hace unos años, conversando con una amiga me dijo que no sabia en que punto se volvio mala con su ex... que no entendia por que de pronto no lo soportaba... hasta que un dia lo corre. El se marcho. Ella tuvo que rogarle. Pero el estaba cansado de esas cosas. No se cuanto tiempo aguanto. Pero esa es la leccion y la paradoja. Si el problema es comunicacion, hablando se soluciona... pero si la otra no quiere razonar... Pues te llevo la chingada. Cuidate y un abrazo.